lunes, 26 de enero de 2015

Érase una vez


Érase una vez un mundo en el que las princesas no son perseguidas por una bruja sino por cientos de paparazis esperando a que cometan un error, érase una vez príncipes cuya tarea no es luchar contra dragones ni besar a la princesa para despertarla sino que su tarea es sonreír frente a las cámaras. Érase una vez en la que si pierdes los tacones en una fiesta es porque vas demasiado borracha y al día siguiente no hay ningún príncipe esperándote, érase una vez un lugar en el que Blancanieves se hubiera independizado sola y su casa sería un desastre porque no tendría tiempo para limpiar.

                Érase una vez un cuento en el que al final no comes perdices sino que te comen los gusanos, un cuento en el que las decisiones no son tan fáciles y en la que con todas se pierde algo. Érase una vez un pobre que no se volvió rico pero que siguió viviendo feliz y érase un rico que no compartía pero nadie llegó para enseñarle lo bonito de dar a los demás. Érase una vez caperucita que no iba a ver a su abuela a su casita sino a la residencia y en el camino el lobo lo único que hizo fue robarle la cartera.

                Érase una vez un lugar sin sirenas y con magia de mentira, érase una vez Bella que nunca supo amar a la bestia y Rapunzel que se cortó el pelo por ir a la moda. Érase un mundo en el que el malo es mucho más difícil de delatar y en el que la bruja no te da una manzana envenenada sino un paquete de cigarros. Érase un mundo en el que se inventaban mundos con los que soñar porque parece más difícil encontrar la felicidad donde solo hay caras largas. 

miércoles, 14 de enero de 2015

Nacida para bailar




Dormida se hallaba nuestra muñequita dentro de su bonita caja de música, fría  y tranquila esperaba paciente a que descubrieran su guarida pero lo que ella realmente quería no era que la abriesen sino que por fin, le diesen cuerda. Tras mucho esperar, la caja se abrió, nuestra pequeña emocionada se levantó inmediatamente dispuesta a bailar, unos ojos verdes la miraron con desconcierto y la bailarina enfundada en su bonito vestido volvió a ser encerrada en la que era su casa. La caja se volvió a abrir repetidas veces, por más o por menos tiempo pero pronto esas bocas se fruncían puesto que no eran capaces de darle cuerda ¡Nadie entendía el funcionamiento de esta particular muñeca! Nuestra pequeña amiga se sentía frustrada, había conseguido ver el mundo más allá de su caja pero no era suficiente, algo fallaba. La muñequita a veces incluso se negaba a abrir su pequeña morada puesto que tenía miedo de esa decepción que sufría cuando la cerraban.

                Cada vez eran menos los capaces de abrir la cajita y aquellos que lo conseguían, una vez que descubrían el complejo funcionamiento de esta particular muñeca tiraban la toalla. Pero hubo una sola vez que alguien fue lo suficientemente fuerte y lo suficientemente listo como para lograr dar cuerda a la frustrada muñeca. Ésta en un principio se puso muy nerviosa, pero no titubeó ¡Llevaba tantísimo tiempo esperando ese momento! Al principio, bailar resultó un poco complicado, pero una vez que la muñequita fue capaz de dejarse llevar, todo cambió incluso su manera de ver el mundo fuera de la caja cambió ¡Era lo más maravilloso que había hecho en toda su existencia! Bailando, era capaz de descubrir nuevas perspectivas y éstas eran aún más bonitas que las que su posición estática le permitía ver.

                Bruscamente, se paró ¡Se había quedado sin cuerda! Pasó el mayor de los miedos, pero esas manos gentiles volvieron a poner en marcha sus engranajes. Esta situación se repitió en muchas ocasiones pero de nuevo esos ojos profundos que la miraban maravillados la volvían a hacer girar, nunca la habían mirado así era su baile el que provocaba esa mirada. Un día cuando se paró, la pequeña vio en esos ojos algo raro, parecían aburridos ante su danza repetitiva, ella los miraba impaciente puesto que deseaba volver a disfrutar del baile. Esos ojos, ya, sin luz la observaron cansados y repentinamente cerraron la caja.

                Lo primero que sintió nuestra muñequita fue miedo, ¡Hacía tanto tiempo que no la encerraban que se había olvidado lo fría y oscura que era su caja! Le faltaba el aire, nunca antes se había percatado de lo pequeña que era su caja. Tras asustarse, empezó a repetirse así misma  en un mantra enfermizo que esas manos con esos ojos volverían, que debía mantener la calma y esperar pacientemente. La espera se transformó en angustia, ¡nuestra muñequita se había vuelto claustrofóbica! A penas podía respirar y sentía un profundo dolor en el pecho. De la angustia  pasó a la ira, se reprochó a sí misma haber deseado con tantas fuerzas bailar ¡dónde la habían llevado sus envenenados deseos! Todo el dolor había borrado sus bonitos recuerdos  sobre el baile. Poco a poco, nuestra muñeca se fue tranquilizando, volvió a ser fría como la caja, dejó de sentir el dolor, la angustia y la ira para pasar a sentir simplemente miedo, miedo de que la caja se volviese a abrir y de que otra sonrisa consiguiese darle cuerda. Con todos estos miedos nuestra muñequita volvió a quedarse profundamente dormida.


¿Había nacido para bailar o para vivir encerrada en una caja?

jueves, 8 de enero de 2015

Cartas



                Siempre cometiendo los mismos errores,  sales de uno para meterte en otro, has entrado una dinámica que parece no tener final. Te embarcas en la misma travesía pero con distinto nombre y lo peor es que la disfrutas, que la vives como si no hubiera otra igual, como si las mismas heridas no hubieran comenzado a aparecer. Es tu mala costumbre de embellecer todo lo que te rodea por la que acabas fascinado incluso ante un mar turbio y bravío ¡Y parece que justo eso es lo que más te  gusta de él!

                Cuanto más difícil parezca el camino, más ganas tienes de empezar la aventura. Pero soy yo la que te cuida cuando vuelves derrotado y herido, solo yo me encargo de vendar tus heridas. No me quedo con las ganas de decirte te lo dije y tú me contestas que no va a volver a pasar, que ahora vamos a estar más unidos que nunca, prometes que no te vas a volver a marchar. ¡Tonta de mí que me lo creo! Por un momento olvido tu espíritu incansable, ese masoquismo insano que nos acaba haciendo tanto daño a los dos, porque sí yo también sufro, igual que tú y sí, la vida conmigo no es tan divertida pero por lo menos, no duele. Poco a poco te vas curando, las heridas aún no cerradas del todo empiezan a convertirse en un dolor soportable, comienzas a suspirar con melancolía y es cuando brillan tus ojos que sé que te he vuelto a perder. Comienzas a recoger tus cosas y me dices que esta vez, valdrá la pena.  En ese momento, me llamo ilusa y me doy cuenta de que te he vuelto a perder, en el fondo sé que más tarde o más temprano volverás pero como duele cuando vuelves.

-Una de las cartas que le mandó la cabeza al corazón durante una de sus aventuras.


Hace unos meses escribí esta curiosa carta,  la he reescrito  varias veces cambiando pequeños detalles y aunque esté mal decirlo es mi composición preferida. Muchas gracias por leerla.

sábado, 3 de enero de 2015

¿Qué es el arte?

Hace un par de semanas me dio por pensar, sí estos días que una conversación te suscita mucho más en tu cabeza y que ya no basta con hablarlo sino que necesitas reflexionarlo tú sola. Me preguntaba ¿Qué es el arte? Parecía una pregunta fácil, pero de repente me di cuenta de que no era así porque preguntarte qué es el arte es igual que preguntarte qué es el amor, es algo completamente subjetivo y una sola definición difícilmente se adaptaría a todos. Es una pregunta con demasiadas respuestas que, con toda seguridad, encantaría a mi profesor de filosofía pero a mí me estaba comiéndome el coco.

Empecemos con la definición que debería valernos a todos, la de la RAE:

Por lo visto ni si quiera la RAE es capaz de dar una única definición, pero digamos que la nuestra es la segunda ¿Acaso esa definición basta? Yo creo que no, prueba, pregúntale a un cultureta que te dirá que no, que el  arte es Van Gogh, Mozart y Shakespeare que con sus creaciones la gente no ha dejado de sorprenderse a pesar del tiempo. Díselo a un graciosillo y posiblemente te dirá que es morirse de frío o a un indeciso que te contestará con la mirada nublada que el arte es algo que no puede expresare con palabras. Bécquer, posiblemente te respondería que arte eres tú y algún romántico rayando lo cursi aficionado a sus poesías te diría que el arte es una mirada entre la gente y no sentir a nadie alrededor.


Entonces, cambié la pregunta ¿Qué es el arte para mí? La pregunta se volvió mucho más simple aunque la respuesta fuese mucho más incorrecta, y entonces volví a darle vueltas, me contesté igual que lo había hecho con mi amiga, para mí el arte era todo lo que el cuerpo intenta expresar que viene directo del corazón. Para mí, son sentimientos expresados en papel, en un pentagrama o en un lienzo. Arte es en mi opinión, coger mi cuaderno donde están todos mis pensamientos y sacar palabras que dentro de mí pesaban demasiado y en esas páginas desgastadas son capaces de, por fin, descansar. Arte es estar un viernes, bueno, ya sábado a la una de la madrugada intentando expresar en un Word lo que es el arte, y que pena que esto no valga para nadie, solo para mí porque el arte lo que sí es, es subjetivo.